Alimenta tus bacterias

Todas las enfermedades comienzan en el intestino, no lo digo yo, lo dijo Hipócrates, el medico griego considerado padre de la medicina. A pesar de haber transcurrido más de 2000 años desde su declaración, nadie ha podido descalificarlo.  Es más, en las últimas décadas el estudio de la flora bacteriana, o bacterias que viven en nuestro sistema digestivo, ha captado la atención especial de muchos científicos debido a su importancia y a la relación que existe entre esta con nuestro sistema inmunológico, control de peso, enfermedades crónicas, humor y salud en general. Si, creeme que tus bacterias pueden ayudarte a controlar esos kilitos!

El intestino humano hospeda más de 100 trillones de bacteria de diferentes tipos. La composicion exacta de esta densa y variada población, igual al ADN, es única para cada persona. En ello la complejidad de su estudio y creación de alguna panacea mágica que beneficie a todos por igual.  La casa de estas bacterias, por llamarlo de alguna manera, son las paredes del intestino; una superficie mucosa que actúa de barrera hacia el resto del cuerpo. Estas bacterias, pueden ser buenas y malas.  Las buenas son los famosos probióticos, su comida son los prebióticos. Estos últimos son una especie de fibra que el cuerpo no digiere, pero mantiene vivo a los probióticos.  Por ello la importancia de una dieta alta en fibra. Las bacterias malas capaces de enfermarnos se llaman , pero no todos son mortales ni causan enfermedad, de hecho muchos viven en el cuerpo. Los malos de verdad entorpecen las funciones de la flora bacteriana.  Estas funciones se pueden resumir en:

1)    Proteger al cuerpo de ataques de patógenos.

2)    Comunicarse con el Sistema inmunológico sobre la presencia de bacterias peligrosas y mandar señal de actúa o no, acorde.

3)    Enviar señales al cerebro del tipo de comida a consumir.  Me encantaria si mis bacterias mandasen mas mensajes de antojos de lechuga y menos de helado, chocolate y vino! 

4)    Balancear al organismo. 

Para entender cómo funciona nuestra flora intestinal, imaginemos que estos probióticos son una armada alerta día y noche de cualquier posible ocupación.  Ellos informan al sistema inmunológico si esfuerzos son necesarios cuando una bacteria desconocida entra al cuerpo. Por ejemplo, si se consume alguna carne cruda que contenga el patógeno E. coli de la variedad peligrosa, ya que incluso la bacteria E coli como tal, suele vivir en los intestinos de personas y animales sanos, los probióticos del intestino le atacan e impiden que la bacteria mala penetre en las superficies internas del cuerpo. Mientras la batalla ocurre, estos probióticos han informado al sistema inmunológico del ataque, pero no necesariamente piden ayuda, hasta que sea realmente necesario. De lo contario, una flora intestinal con bacterias malas y escaza en probióticos manda señales de alertas alarmantes ante una visita de bacterias turistas e inofensivas al cuerpo, el sistema inmunológico ataca y al darse cuenta de que no hacía falta tal pelea, causa inflamación. Puede igual suceder que si no es alertado a tiempo porque las bacterias residentes son flojas, los entes patógenos ganan ventaja y aumentan la probabilidad de enfermar al organismo.  Las bacterias residentes piden comida para sobrevivir y mandan al cerebro señales correspondientes a sus necesidades. Los probióticos no se alimentan de azucares, grasas ni alimentos refinados y procesados.  Una constante necesidad de consumir este tipo de alimento es un indicativo del tipo de bacteria residente en nuestro cuerpo.

La colonización de bacterias comienza al nacer. Un parto normal es la óptima iniciación. El paso por el canal vaginal de una madre sana arrastra probióticos para el bebe (si exactamente lo asqueroso que estas pensando).  Igualmente, la leche materna contiene HMO, una enzima tan compleja que es indigerible por los humanos, pero es un excelente prebiótico para la microbiota del bebe. Los antibióticos, por el contrario, son un tsunami que arrasan con toda la flora, por ello es vital un tratamiento de probióticos y prebióticos, una vez finalizado el tratamiento.

La dieta es una manera eficaz y sostenible de regular la microbiota, por ello incorporar a diario alimentos que la beneficien es trascendental para nuestra salud.

Algunas fuentes de prebióticos son las alcachofas, ajo crudo, cebolla cruda y bananas. De probiótico los alimentos y bebidas fermentadas, como el yogurt, sauerkraut, quesos, kombucha y kimchi.  Las cervezas artesanales y el vino contienen probióticos, pero recomendar ingerir alcohol para mejorar la salud es un consejo que aun nadie se atreve hacerlo sin la letra pequeña: ¡en moderación! Mi flora bacteriana tiene mucho probiotico proveniente de la uva fermentada por ejemplo.

¿Quién no ha sentido mariposas o fuertes dolores de stress en el estómago? Incluso decimos que el instinto viene de las entrañas. Que curioso que todas estas emociones se manifiestan precisamente en un sector de nuestro cuerpo habitado por una vasta y diversa población de organismos unicelulares diminutos, pero poderosos cuando se unen.  Si queremos alimentar el alma de esa dieta que nos acerque a la felicidad y a lograr un mayor bienestar, que mejor manera de comenzar precisamente poblando nuestra armada personal de soldados leales y eficientes con la nutrición correcta. Los probióticos están entrenados ya a protegernos y mantener por dentro la casa del espíritu en estupenda forma.

Acá comparto la receta de un sencillo, económico y poderoso probiótico: sauerkraut o chucrut.

Ingredientes: 1 repollo o col blanco, 1 cdta de sal.

Utensilios: espátula de madera, cuchillo o rebanador, tabla para cortar, envase hermético, bol.

Preparación: rebanar o rallar la col y colocarla en el bol. Agregar la sal y sasajear hasta que comience a soltar agua. Triturar con espátula de madera hasta que suelte suficiente agua para cubrirlo por completo al momento de envasar.

Una vez envasado la col, esta puede consumirse al día siguiente. Sin embargo, comienza a tomar su sabor característico, dado por la fermentación, a partir del décimo día.  Mantener en lugar fresco o en la nevera si esto no es posible. Puedes usarlo para acompañar proteínas, en ensaladas y sándwiches.

Ver progreso será muy sencillo y lo notaras cuando utilices el baño para #2.  Una flora intestinal sana no conoce de constipación y produce desperdicios diarios. La forma de los mismos debería ser elongada y sin grietas, de salida suave.

Que manera tan sofisticada de terminar este blog, pero el tema lo requiere.  Te invito a compartir tus recetas, experiencias (no de #2 por favor), consejos y comentarios.  Que estas esperado para poner a ese monton de bacterias a trabajar por tu salud?

Aca encontraras un enlace a mi canal de youtube donde hablo de este tema:

https://youtu.be/gVfPrUJpOcg

Si quieres subscribirte:

https://www.youtube.com/channel/UCGQTc5qOKwQ5fwVNyubYo2A?sub_confirmation=1