Veo, Veo ¿Tú que ves?

Después de una larga ausencia física, poco más de un lustro,  veo un país que empieza por i. 

Salta a flor de pielalgo que nunca se ha visto o escuchado antes, que causa una gran sorpresa. Venezuela es inaudita, está llena de contrastes, de extremos, de risas que amortiguan la crisis y llantos que viven su realidad, de escasez diaria y abundancias naturales, de cortes de agua y playas paradisiacas,  de apagones con cielos estrellados y una represa seca de mantenimiento, de talentos inexplotados y meritocracia invisible, de infraestructura que se detuvo en el tiempo y paisajes naturales que te hacen soñar.

Veo un país inseguro que se pasea entre medalla olímpica de oro y bronce. Cuando la tasa de criminalidad azota a la población, inhibe el turismo, impone un toque de queda implícito y hace de un celular causa común de hurto,  la calidad de vida te incita a abandonar el lugar que te vio nacer y que te limita a crecer.

Veo una informalidad que se refleja en el irrespeto de los horarios, palabra y en el incumplimiento de las leyes y normas. Un relajo en precios de productos de consumo que varían hasta en un 40%, dependiendo de la necesidad puntual del vendedor.  En fin, una economía inestable cual barco a la deriva, cuyo soplo del viento de vez en cuando le esquiva la roca, pero que va con rumbo firme al hundimiento. Sin embargo, la falta cultural de acatar horarios da pie a una espontaneidadquefunciona y relaja la vida cotidiana.  En comparación con las agendasdel primer mundo; atadas a estrictos horario, donde encuentros orgánicos no existen.

Veo un país insostenible para la mayoría de sus habitantes.  Invaden las caras sufridas y desoladas que anhelan llegar a tiempo a la compra del alimento de turno.   En muchos casos estas, con la compañía injusta del descendiente inocente que pierden su infancia bajo la intemperie. Sin duda,  bofetadas a la condición humana y a los derechos mínimos del ciudadano.

Veo un país incomunicado, con la peor Internet de América Latina.

Veo un país insostenible, donde los servicios básicos de agua, luz, gas están subsidiadospor un gobierno que en vez de auxiliar a la población a largo plazo, la condena a un futuro nefasto donde estos servicios colapsaran por falta de mantenimiento.  Un país donde cuesta entender el precio de la gasolina y que  obliga a los pocos productores que quedan a vender por debajo de costo.  Medidas gubernamentales idóneas para el colapso social.

Sin embargo,  veo también un país lleno de ingeniosos que improvisan día a día la necesidad y que se atreven a innovar.  Desde un cheese whiz casero con aceite, leche en polvo y zanahoria, pasando por arepas saborizadas hasta llegar a una pizza de sushi con arroz frito y sopas fusionadas con mouses en copas de Martini. Pero el mayor ingenio consiste en sobrevivir con un sueldo venezolano en un país dolarizado, donde el costo de los servicios devalúa el trabajo y el costo de los productos bofetean la quincena.  Ingenio es sobrevivir con un sueldo mínimo mensual equivalente a 2 kilos de pasta y 3 pollos a dieta.  Innovadores son también los empresarios honrados, que bajo una constante tutela gubernamental,  aún persisten y apuestan por una pronta recuperación y ofrecen empleo a la población talentosa.  La misma población que se niega a denigrar sus conocimientos y trabajar para una administración pública ineficiente donde las promociones y estabilidad laboral están directamente relacionada con el apoyo a las medidas absurdas de este gobierno.

Venezuela es también incansable. De la mujer que trabaja de martes a domingo y su único día libre lo inicia la noche antes en la cola para conseguir alimentos. Del descanso mental que proporciona un paquete de harina pan, jabón o litro de aceite, pues el descanso físico no es más que la ausencia de clientes o trabajo que otra cosa.  Incansable es su lucha diaria para alimentar a sus hijos. Incansables son los venezolanos donde el cantar del gallo es una alarme tardía, ya que para llegar a sus puestos de trabajo con un sistema público de transporte inservible e inseguro necesitan robarles horas a Morfeo.

Veo una Venezuela inteligente convencida de las oportunidades de reconstrucción.  Quizás un poco inocente o incrédula a la pérdida de su tierra, pero en fin inspirada en luchar por un país único, donde el humor, la naturaleza y la esencia humana hacen de este país tropical un paraíso irreemplazable. 

Veo en esta alma femenina y soñadora ganas de volver, ganas de imaginar y construir una realidad similar en la cual crecí, donde la música, el clima, la comida y la cordialidad eran elementos ubicuos del día a día.  Veo raíces que llaman y quieren perdurar a través de mis hijos.  Veo familia ausente con ganas de compartir almuerzos domingueros y actos de fin de curso. Veo un país que implora una segunda oportunidad y que sale a luchar para reclamarle a la dictadura el secuestro de Venezuela.